Representación del objeto-sujeto

Pintura · Painting · Argentina
Ana Negro es artista autodidacta: no asistió a ninguna institución ni recibió formación académica en Bellas Artes. No obstante, ha dibujado y pintado desde su infancia. Realizó estudios en materias no vinculadas al arte, retomando el quehacer plástico hace más de treinta años.
Su obra tiene como principal y único elemento de representación al desnudo humano; tema que encontramos desde la época clásica y que fue largamente abordado a través de la historia del arte, para Ana, “se trata en todo caso del único ‘objeto-sujeto’ externo que genera la conmoción que requiere el trabajo plástico, la materia inicial destinada a ser sometida a la alquimia del proceso creador”.
Su obra no apela discursos teóricos, sino que busca rescatar y plasmar la emoción producida por la figura humana: sus gestos, expresiones, contorsiones, movimiento y desenvolvimiento en el espacio. A veces encontramos personajes o cuerpos solitarios; otras veces los cuerpos se relacionan, en una incesante interacción y contacto, cuales masas humanas que se tocan, abrazan, enrollan, despliegan. En ese sentido es que la artista plantea el concepto de “arquitecturas humanas”, generando múltiples enlaces de formas en otras, de pliegues y repliegues que devienen en masas y volúmenes, más que figuras aisladas y recortadas.
Estos cuerpos son pintados a partir de capturas fotográficas, en las que mimos, actores u otras personas son convocados y luego fotografiados desde distintos ángulos e iluminaciones. De allí la artista realiza una selección, que será llevada a la tela y pintada en tonos monocromos, resaltando el juego de luces y sombras, siempre sobre fondos oscuros.

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En aquellas pinceladas y modo de representar el cuerpo es ineludible remontarse al Barroco europeo, donde la teatralidad, contrastes y expresividad del cuerpo a nivel pictórico y escultórico cobra especial relevancia. Ana posee algo de eso, aunque a conciencia de que estamos en otro tiempo. Sus cuerpos, gestos y miradas de aparente dolor o sufrimiento, nos revelan cierta condición humana que, aun conservando semejanzas con la historia del desnudo artístico, posee algo distinto, incluso molesto. Se trata de un des-ocultamiento, de traer a la presencia aquello que permanece oculto, siendo una forma de acceder a la verdad; noción heideggeriana que encuentra sus bases también en el techné griego, asociado “al goce del artista, a la creación de formas nuevas allí donde hay silencio, vacío. Todo ello empero acompañado del dominio de la técnica, del saber hacer sin el cual, estamos en presencia de otra cosa a la que podremos dar nombres varios, pero que no será, en mi opinión, un objeto de arte”, explica la artista.

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